Defendamos la Constitución, no al gobierno
Los representantes del pueblo elegidos democráticamente no pueden hacer lo que se les dé la “real” gana porque no se los elige Reyes o Reinas, sino funcionarios que deben respetar el orden constitucional.
Aclaración: Aunque su uso correcto implique la suma de los tres poderes, utilizo aquí la palabra “gobierno” aludiendo al Matrimonio Presidencial y sus secuaces en ambas cámaras del Congreso, sin obviar Gobernadores, intendentes y gremialistas, entre otras yerbas.

Defendamos la Constitución, no al gobierno.
A partir de este artículo de Santiago Kovadloff, “El ascenso y el descenso”, con el que no puedo por principios disentir, y recordando los comentarios que en el mismo sentido suele hacer Nelson Castro, otro periodista crítico del gobierno, no obstante me animo a expresar en voz alta algunos pensamientos relacionados con el apoyo irrestricto a la “democracia” o al sistema constitucional, como bien expone la editorial de La Nación.
Cuando los argentinos nos manifestamos a favor del sistema “democrático”, ¿qué es lo que realmente queremos decir?
Cuando un ex-presidente en funciones se identifica con un partido, un partido con un gobierno, un gobierno con el Estado y el Estado con la democracia, pareciera que una crítica (constructiva o no) a cualquier eslabón de esta maldita cadena fuese un dardo envenenado dirigido al sistema democrático. No es así.
Un hombre no es un partido, a menos que éste lo apoye sin límites. Un partido, representa a una parte del electorado, mientras que el gobierno nacional representa a todos los argentinos. El gobierno son personas que van y vienen con el ritmo de las elecciones, pero no son el Estado: sólo lo administran temporalmente en nuestro nombre.
La democracia, gobierno del pueblo a través de sus representantes, es elegir mediante el voto un gobierno para que administre el Estado para beneficio de la Nación, que viene a ser la gente. Democracia es ir y votar, en nuestro caso, cada cuatro años. Pero en muchos lugares se ha votado –y se sigue haciendo, como en Cuba– sin que haya opciones ni libertades. Obviamente lo que queremos los argentinos no es ir y votar mientras se restringen nuestras libertades, como la libertad de expresión (ver Ley “K” de medios y Ley Mordaza a Internet).
Siendo más precisos en la elección de las palabras, lo que garantiza nuestros derechos y libertades es el sistema republicano, es decir, la división de poderes. ¿Y eso dónde está escrito? En la Constitución Nacional, desde 1853. Según nuestra Carta Magna, los argentinos tenemos –o deberíamos tener– un sistema representativo, republicano y federal.
Los representantes del pueblo elegidos democráticamente por el voto no pueden hacer lo que se les dé la “real” gana porque no se los elige Reyes o Reinas, sino funcionarios que deben respetar el orden constitucional que juran defender, cumplir y hacer cumplir.
De modo que para ser correctos, lo que debemos defender es nuestro sistema republicano de gobierno, el poder equilibradamente repartido por la Constitución entre los tres poderes –Legislativo, Ejecutivo y Judicial– resguardando la libertad de expresión como derecho fundamental de los ciudadanos, no sólo “votantes”.
Por todo ello, criticar al gobierno no significa poner en duda al sistema republicano de gobierno. No hay ninguna actitud “destituyente”, como nos quieren hacer creer la Presidente y su marido.
Entonces, pregunto: ¿Qué es lo que debemos priorizar, la Constitución o quien esté circunstancialmente en el Poder Ejecutivo Nacional?
No hay ninguna actitud golpista en querer (y vocear) un cambio de gobierno, que no de sistema. Estamos en nuestro derecho. Queremos respeto por el Estado de Derecho, no la imposición de las arbitrariedades a las que patoteramente nos han venido acostumbrando.
Parece haber gente que confunde una cosa con la otra, fruto de su mala educación cívica. Constitución NO es lo mismo que Poder Ejecutivo Nacional, ni mucho menos igual a Kirchner, aunque éste lo controle cual marioneta.
Igual equivocación o ignorancia se puede apreciar entre Diputados y Senadores que andan confundiendo “Parlamento” con su lugar de trabajo, ¡que se llama “Congreso“! El sistema parlamentario es otra cosa. Deberían asistir más seguido.
Ciudadanos, periodistas y legisladores, diciéndose “democráticos” –¿les gustará votar y nada más?– están apoyando –a regañadientes– a quienes han hecho todo por destruir –y lo siguen haciendo– el sistema republicano que establece la Constitución.
Lo que los periodistas en particular y los ciudadanos en general debemos proteger es la Constitución Nacional, no al Presidente, o en este caso, a “la Presidente”. Y digo “Presidente” no aludiendo a quien en verdad toma las decisiones en Olivos, sino porque tal es el cargo que la Constitución le permite ejercer –y por el cual juró– Cristina Fernández de Kirchner: “Presidente de la Nación Argentina“. Debiera leerla más seguido.
Que alguien también le diga a Agustín Rossi, jefe del kirchnerismo en Diputados y primer alcahuete de Lupín, que el Vicepresidente Cobos NO es parte del Poder Ejecutivo. El PEN es desempeñado por un solo ciudadano, en este caso, ciudadana: la señora Presidente (ya dijimos que no es “Presidenta”). No sé si no lo sabe, lo que ya es grave, o convenientemente se le olvida, lo que es peor, porque denota su intención de distorsionar la realidad para manipular la voluntad popular a su favor, o la de su jefe político.
Obviamente, no estoy diciendo que alguien vaya a la Casa Rosada a sacar a los Kirchner y su banda de delincuentes. Quédense tranquilos. Los militares no lo harán, no tienen con qué y ya aprendieron la lección. Los políticos no lo harán, porque temen ser arrastrados por los acontecimientos, como en 2001, y no quieren que les explote el país en las manos. Tal vez esperan, secretamente, que les explote a quienes lo han venido activando desde 2003. Y francamente, no creo que el paranoico matrimonio esté pensando en tomarse el helicóptero por propia iniciativa, aunque acaban de alquilar 2 más y otros 8 aviones, totalizando 5 helicópteros y 11 aviones a su disposición. Tal vez sea para trasladar los aplaudidores oficiales.
Tenemos que hacer todo lo que podamos para que Néstor Cristina termine su mandato el 10 de diciembre de 2011. Eso sí: Todo lo que se pueda dentro de lo que marca la Constitución. Pero no olvidemos que nuestra ley fundamental establece la forma de destituir, mediante juicio político, tanto al Presidente como –ojo al piojo– también al Vicepresidente. Visto está que quien gobierna es Néstor Kirchner y es quien preside la asociación ilícita, entre otros actos de corrupción por los cuales ya lo empieza a investigar el Poder Judicial.
Todo el procedimiento se puede hacer, con mucho ruido, pero sin ir contra el sistema republicano (o como nos gusta decir: “democrático”). Acusa Diputados y juzga el Senado. No hay por qué alarmarse si se respeta la Constitución, sobre todo los que juraron “observar y hacer observar fielmente la Constitución de la Nación Argentina”, tarea que no están desempeñando si nos atenemos aunque más no sea a esta Ley “K” de medios, donde no hubo debate ni Cámara Revisora. Sólo obediencia debida a la Casa Rosada.
Menciono esta alternativa porque hay gente que no la conoce, y cree estar condenada a padecer esta cleptocracia de inútiles y autoritarios pendencieros hasta el fin de 2011. Nuestra Constitución no nos obliga a tal sacrificio.
Además, lo menciono porque es una posibilidad que no se le escapa a quien esté atento –discursos mentirosos que ya nadie cree y 23% de imagen positiva, derivados de problemas económicos postergados y disputas políticas sin fin– y que podría estar apareciendo en el horizonte. La crispación no se detiene y el hartazgo, como se ha medido, ya es palpable.
Menos mal que los políticos opositores (Elisa Carrió, Julio Cobos, Carlos Reutemann, Mauricio Macri, etc.) son todos respetuosos de las instituciones y no aloKados. No piden la renuncia de nadie ni andan haciendo líos en la calle. Al contrario, mientras el gobierno enciende fogatas, la oposición las anda apagando y calmando a la gente, pidiendo paciencia [video de Carrió] y llamando al diálogo [carta de Cobos, en PDF].
Por menos que un impuestazo –de 400% en gas y otro tanto en energía eléctrica, sin mencionar al impuestazo rural, y al ya cercano impuestazo teKnológico– a otro gobierno lo hubieran echado. Hace rato. Como pasó con Alfonsín (paros generales interminables), y más recientemente, con los derrocamientos de De la Rúa y Rodríguez Saá. ¿O alguien cree que se fueron solos, por acción de las cacerolas? Los golpistas de ayer, hoy están en sus sillones y bancas.
Personalmente, me gustaría que los Kirchner no empeoraran más las cosas –estaría negando la realidad– y terminaran su gobierno el 10 de diciembre de 2011 habiendo sido derrotados aplastantemente por alguien honesto –cualidad imprescindible– y con aunque sea un poco de sentido común. No pido que nos parezcamos a Brasil, Chile o Uruguay. No pido mucho, sólo liberarnos de este lastre y tener un país más o menos normal.
Sí, deben llegar al 2011 y ser derrotados en las urnas –me dirán– para que no queden dudas a nadie del mal que le han hecho al país, y de que por fin nos hemos dado cuenta y hecho algo al respecto, y porque hay que conservar la democracia. Ya expliqué que lo que debemos conservar es la República, no el gobierno. Seguir votando mientras la Constitución es violada sistemáticamente no tiene ningún sentido. A menos que querramos otro récord Guinnes: el de tontos masoquistas.
Pero hay otro punto que merece tenerse en cuenta.
¿Implica este deseo de no interrumpir el mandato presidencial que debamos ayudar a los Kirchner a llegar al 2011 a toda costa? ¿Qué significa cueste lo que cueste? ¿Qué esperamos para reaccionar? ¿Otro corralito-corralón-pesificación? ¿Esperamos a que terminen de destruir al sector agropecuario? ¿Esperamos a que haya 51% de pobreza? ¿Esperamos a que la inseguridad nos mate un familiar? ¿Esperamos a que en nombre de la mera mayoría de los votos terminen con la propiedad privada (jubilaciones), nuestras libertades (de expresión y de prensa), la República y el “estado de derecho”? ¿Cuánto nos costará esperar dos años más? ¿Estás dispuesto VOS –por vos y los tuyos– a pagar ese precio, por este gobierno? Probablemente, la mayoría de quienes lean esto estarán en una ciudad grande, usando banda ancha, con un techo, una cama caliente y sus necesidades básicas satisfechas. Pero pensemos aunque más no sea por un momento en el resto de los argentinos que no tienen tanta suerte.
Pongamos en la balanza también que los nuevos legisladores recién comenzarán a trabajar en marzo (y la Presidente tiene derecho a vetar), y faltan todavía dos años más para que esta pesadilla termine. ¿Querrán los menos favorecidos seguir pagando el precio? ¿Tenemos nosotros derecho a hacer que lo paguen?
Habrá que ir con mucho cuidado, porque es mucho el poder de daño que todavía tiene el matrimonio.
No se lea esto como una incitación a la violencia o al golpe institucional, sino a pensar y manifestarnos (aprovechemos que todavía se puede) con las herramientas que nos da la Constitución. Vale la pena invertir unos pesos en ese librito. Allí están escritos nuestros derechos y garantías.
Puede que los Kirchner busquen victimizarse para echarle la culpa –y los problemas que fueron sembrando– a otro. Pero sobre todo, tengamos bien en claro que una cosa es defender el sistema constitucional, y otra muy distinta, al gobierno.
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Pensé que tendría que agregarle un verso más al poema de Martin Niemöller, pero no.
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