Cenizas de ayer, semillas de futuro
Cenizas de ayer, semillas de futuro – Por Julio María Sanguinetti – lanacion.com
Los disturbios de Londres, una semana después: lecturas interesantes
Entender lo que está sucediendo en el mundo –donde la tecnología juega un rol fundamental y bastante desconocido por la clase política y buena parte del electorado– merece leerse el artículo completo, pero por si no tenés tiempo (o no venís siguiendo el feed donde te lo vengo contando) te dejo las conclusiones:
“Definitivamente, esto no es algo que permita explicaciones simplistas o maximalistas sin correr el riesgo de hacer el ridículo. Matar al mensajero, como absurdamente pretende David Cameron amenazando con cerrar o vigilar las redes sociales, no va a arreglar la cuestión. Estamos ante el cambio más fuerte y de más entidad que hemos vivido en muchas generaciones, un cambio posibilitado por un desarrollo tecnológico. Si lo quieres ver, bien. Si no… da exactamente lo mismo. Va a ocurrir igual lo entiendas o no lo entiendas, contigo o sin ti.”
vía Los disturbios de Londres, una semana después: lecturas interesantes » El Blog de Enrique Dans.
Tecnología y pólvora por todas partes
Mientras veía un artículo de un blogger español (que cito al final y te invito a leer) no dejaba de pensar en que –si miramos bien– al igual que los teléfonos móviles, la pólvora está regada por todas partes y una sola chispa puede desencadenar un tsunami de acontecimientos como los que sucedieron comenzando en Túnez (donde un verdulero se prendió fuego cuando le confiscaron la mercadería), pasando por España (la llamada “Ley Sinde” para cerrar sitios web) donde tuvieron que adelantar las elecciones y ahora en Chile y Gran Bretaña (por reformas educativas). Y la lista no es exhaustiva.
A la crisis económica permanente, la mala educación que ya es tradicional y el mal uso de la policía para reprimir la protesta social (que vimos claramente en Barcelona reprimiendo a gente sentada en la calle con las manos en alto y también en Buenos Aires, reprimiendo a los docentes) hay que sumarle la corrupción política y al menos en el caso de Argentina, la inseguridad. Todos estos ingredientes y alguien que se aprovecha de la situación o realiza declaraciones fuera de lugar –que nunca faltan– hacen una mezcla inflamable que puede tener alcances inimaginables. El presidente De la Rúa anunció un impuesto y se tuvo que ir (aunque Duhalde, Alfonsín y De Mendiguren, entre otros, le dieron una ayudita organizando los saqueos), y más tarde los dos muertos (Kosteky y Santillán) por culpa de la Policía hicieron que Duhalde también se tuviera que ir antes de tiempo.
También lo sé por experiencia propia. En 2008, durante la guerra contra el Campo (es decir, contra las provincias) que libró el gobierno kirchnerista para robarles aún más (por el método legal de las “retenciones”) y que duró meses, el día que detuvieron al dirigente rural y líder de las pacíficas protestas en Entre Ríos, Alfredo De Ángeli, la gente salió –inmediatamente– a cortar las rutas en todo el país. Y me incluyo. Yo, que no voy a actos políticos, ni a las canchas de fútbol. Me acuerdo como si fuera ayer: Miraba las noticias en televisión cuando vi que la Gendarmería cargaba contra los manifestantes que estaban al borde de la ruta, a la vez que agarraban al mencionado dirigente entre cuatro uniformados y lo metían a la parte trasera de una camioneta. Luego, las cámaras de Crónica TV registraron el llamamiento indignado de una docente. Y la sangre me hirvió. Manotié el iPod Touch, el teléfono, la radio y me fui al lugar de la protesta. Caminando. Dejé a mi vieja preocupada y el almuerzo caliente sobre la mesa, pero me fui masticando la bronca acumulada.
En Argentina protestamos durante meses y aunque fuimos más duros que en España, no fuimos tan lejos como desde hace 4 días los británicos. Pero el combustible se podía percibir en el aire. Lo podés ver en las fotos:

Frente a la Gendarmería
En la primera, frente a las casetas de peaje del Túnel Subfluvial que une a mi ciudad Paraná con Santa Fe, dos líneas de mujeres separan a los Gendarmes de miles de personas que ya estaban hartas de tantos impuestos y destratos del gobierno (“piquetes de la abundancia”, “paro patronal”, “yuyito”, etc.), entre otras provocaciones. Después de varios retrocesos, tuvieron que irse, porque el horno no estaba para bollos… Yo lo viví.

En la Casa de Gobierno. En la bandera también se ve la protesta docente.
En la segunda, otros miles de entrerrianos a las puertas de la Casa de Gobierno. Puede apreciarse un tractor sobre la explanada y un dirigente rural no incitando a la violencia, sino por el contrario, implorando calma a la muchedumbre que quería entrar para cantarle las cuarenta en la cara a las autoridades, que andaban todas escondiéndose… Yo me acuerdo.
En todas partes, en cualquier país, la gente no sale a romper todo porque un día se levantó con el pie izquierdo. Es un proceso de acumulación: Para los políticos y los bancos, de dinero. Para el resto: de frustraciones e indignación. Y tanto va el cántaro a la fuente… que al final se rompe.
Y el hartazgo y la indignación no se pasan rápido. Te queda como una especie de adrenalina en la sangre –o en la cabeza, lo mismo da– tan volátil como la nafta. Las diarias penurias económicas y la corrupción política no hacen más que recordártelo. Y cuando no tenés futuro (o no lo alcanzás a ver claro) y tenés poco que perder… cualquier roce produce la chispa.
Ejemplos de algunos chisporroteos argentinos de estos días:
- Varios muertos en Jujuy (excesos de la Policía) y toma de terrenos por usurpadores que reclaman viviendas. Allí hay robo de los dineros públicos destinados a tal fin y malos manejos de la política local. No olvidemos tampoco que el gobierno nacional le dio casi 700 millones (y pensaba darle 500 más) a las Madres de Plaza de Mayo para construir viviendas y resultó que un parricida como Sergio Schoklender se compraba yates, aviones y ferraris, mientras que los trabajadores aún reclaman el pago de salarios y la Justicia no ha detenido a nadie. Todo sin sontrol alguno por parte del Estado, en ninguno de sus niveles.
- Una pueblada (y casi linchamiento del intendente) en Ayacucho, por la muerte de una beba en un asalto. La madre de la beba luego reconoció que mintió.
- Estudiantes argentinos en Buenos Aires y Rosario se movilizan en solidaridad con las masivas protestas en Chile y marchan por Buenos Aires a las puertas de las sedes diplomáticas.

Obama, Zapatero, el ponja... Y el argentino los ve pasar. En su ignorancia, cree estar desconectado del mundo. No estoy seguro de a dónde vamos, pero lo que sí sé es que vamos todos.
Y las chispas también pueden venir del exterior. No sólo en forma de crisis Financiera que se transforma en Económica, o en indignantes salvatajes a bancos mientras se recortan presupuestos sociales, sino protestas que rebotan como la de Chile hacia Argentina, o como pudo ser esta otra: 35 años de cárcel por consultar demasiados libros. No olvidemos que a un profesor, Horacio Potel, la Cámara del Libro lo persiguió judicialmente (luego sobreseído) por facilitar material de lectura a sus alumnos a través de un sitio web, donde subía textos de filósofos… ¡que estaban agotados y no se podían conseguir en librerías! El papel también es combustible. No ardió de casualidad.
La globalización de las comunicaciones produce el efecto dominó y todos vamos cuesta abajo y sin control. Recién entonces la política comienza a preocuparse. Siempre TARDE.
Lo novedoso de todo esto lo aportan las nuevas tecnologías de información y comunicaciones (redes sociales, SMS, podcasts, videos y otras) que permiten que todos (Desde Argentina, yo también #soy15M) estemos al tanto de lo que sucede en todas partes, casi minuto a minuto; que podamos intercambiar ideas, ponernos de acuerdo, organizarnos, salir a reclamar un cambio, una Democracia Real y ser testigos –cámaras y smartphones en mano– de todo lo que pasa. ¡Ya podés hacerte oír!
Estamos pasando de sólo mover los pulgares para quejarnos, a usarlos para organizarnos y también mover los pies… Una nueva era de protesta social, con un componente tecnológico: el hacktivismo. Es la globalización de la protesta social. La hora del ciudadano del mundo. Del mundo mundial. Global.
¿Cuándo terminará esta época de estrés, incertidumbre y violencia? No será pronto, porque NOSOTROS somos la crisis.
Artículos relacionados:
Internet: el cambio está implícito
“Y a medida que el conocimiento es redistribuido, también lo es el poder basado en él.”
(Alvin Toffler, en “El Cambio del Poder”).
Elisa Carrió: “Los problemas (…) son todos problemas mundiales”
Ayer, hace unas pocas horas, le respondía a un lector con un artículo en el que reflexionaba sobre varios temas de alcance global, que titulé: “Fukushima, pesimismo y el cambio individual“.
Ahora les recomiendo un video (sólo para los argentinos: la primera parte de la entrevista está aquí) donde la Dra. Elisa Carrió (candidata a Presidente de la Nación en las elecciones de octubre) hace referencia en 9 minutos a algunos de los mismos temas de una forma y con un énfasis que no es habitual escuchar en boca de un político, mucho menos en televisión nacional.
Así habla un líder, una persona preparada intelectualmente (muy por encima de la media de nuestra lamentable clase dirigente; digo “clase dirigente”, no sólo “clase política”), y un humanista:
- “Oremos por ese pueblo” (en referencia al japonés).
- “Los problemas (…) son todos problemas mundiales”.
- “Estaban los culpables (…) y estaban los culpables por omisión”.
Elisa Carrió en “Política en Vivo”, por C5N. Miércoles, 16-03-11.
Globalización

Globalización
Cristina y la Dictablanda
“¿Qué clase de lugar es este, donde “casi” se dice la verdad, donde las leyes “casi” se cumplen? ¿Cómo pueden vivir así?”
Cinque a Baldwin, en “Amistad”. [A. Hopkins, M. Freeman, S. Spielberg]
La semana pasada se discutió en Argentina el proyecto de ley de presupuesto para 2011, que el Poder Ejecutivo (Cristina Fernández) envió al Congreso.
Para mis compatriotas: Odios y complicidades. Por Joaquín Morales Solá
Como desde las elecciones legislativas del año pasado el kirchnerismo no tiene ya mayoría para imponerlo a libro cerrado –como fue costumbre del fallecido Néstor Kirchner– su esposa Cristina Fernández ordenó la compra de votos y ausencias, que fueron denunciadas en el recinto de la Honorable Cámara de Diputados y ampliadas por tres diputadas en la sesión de la Comisión de Asuntos Constitucionales. No se preocupen, porque la corporación política ya se encargó de archivar las denuncias de coimas a pedido de la diputada del GEN, Margarita Stolbizer. ¡Y aquí no ha pasado nada! Como no pasó nada con las coimas del Honorable Senado, mediante “la banelco”, durante el gobierno de De la Rúa, ni tampoco con las mismas prácticas corruptas del Senado actual.
No hubo debate, sino exposiciones intransigentes –por parte del oficialismo, al que le conviene la prórroga del presupuesto actual, para poder manejar el dinero de nuestros impuestos con absoluta discrecionalidad y sin control legislativo– y además de las fundadas sospechas de corrupción generalizada se destacó una trompada de la opositora Graciela Camaño sobre el oficialista Carlos Kunkel, cosa que estuvo muy mal, sobre todo viniendo de un representante del pueblo, aunque hay también amplio consenso de que el destinatario se la venía buscando.
Nuestra Constitución Nacional es un librito muy interesante. Cortito, liviano, es barato y cabe en un bolsillo. Conviene tenerlo a mano y darle una leída de vez en cuando, o consultarlo aunque más no sea en algunos de sus artículos, para corroborar si lo que se dice y hace por parte de la clase política se corresponde con la letra muerta escrita.
Este librito es muy importante porque es lo que acordamos en 1853, después de matarnos durante décadas, para poder convivir y progresar. Es como la Biblia de la ciudadanía, un libro sagrado de la civilidad. Es lo que establece nuestros deberes, derechos y garantías, y además, la forma de gobierno que adoptamos de común acuerdo (de allí lo de los “pactos preexistentes” en el preámbulo).
La Constitución Nacional prescribe ya desde su artículo primero, un gobierno que debe ser:
- Representativo: los dirigentes deben representar al pueblo.
- Republicano: el poder no puede estar en manos de uno solo, porque sería una dictadura, sino repartido equilibradamente en tres poderes que se controlan mutuamente.
- y Federal: el poder político y económico debe distribuirse en todo el territorio nacional, no sólo en Buenos Aires.
Ya que vimos lo que debería ser, pasemos a ver lo que de facto legalmente es:
- Presupuesto fraudulento (con números evidente y premeditadamente falsos).
- Las estadísticas también son falsas (INDEC).
- Veto (Poder presidencial para no cumplir con las leyes que vota el Congreso).
- Superpoderes presupuestarios (cambiar el destino de las partidas fijadas en el presupuesto y sancionadas por el Congreso).
- Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU).
¿No se parece esta situación acaso demasiado a “la suma del poder público” que menciona nuestra Constitución Nacional, en su artículo 29? ¿No es esta forma de gobierno que tenemos una dictablanda?
Sumemos a esos cinco puntos que son los que me llevaron a escribir esta reflexión, otros cuatro que son no menos preocupantes:
- El Estado (en sus tres niveles: nacional, provincial y municipal) copado por lobbys empresarios.
- Sindicatos mafiosos y cooptados por sindicalistas que sólo buscan su bienestar y no el de sus representados, en connivencia con sectores políticos.
- Disolución del poder de los Estados Nacionales en organismos regionales o mundiales.
- La libertad de prensa (y la función controladora que tiene sobre el Poder Político) es invadida por la Empresa Privada o por el Estado Nacional.
Ahora bien: Sin mencionar que el argentino promedio no se siente representado por la mayoría de esta clase política (¿se acuerdan del “que se vayan todos”?), ¿son estos los síntomas de una democracia sana o de una pobre Argentina? ¿No es este síndrome de la Política Indecente evidencia suficiente de que la democracia, tal como la conocemos, está muy enferma y tal vez… moribunda?
La clase política, el pueblo y “la” crisis
Lo que hemos dado en llamar en tiempos de Cristina, la “crispación” política –que puso de moda pero que no es exclusiva de nuestra Señora Presidente, es decir: la mentira alevosa, la maldita corrupción, la soberbia, la violencia verbal, la intolerancia, la intransigencia y hasta cierto fanatismo– y por otro lado la pobreza, la indigencia, la desigualdad (diferencia entre ricos y pobres), y la inseguridad van en aumento. No hace falta una estadística honesta, basta con salir a la calle o querer enterarse.
La mala educación garantiza que estas condiciones se mantengan y empeoren. La falta de justicia y la injusticia hacen que en el plano económico la empresa más grande se coma a la más chica, que en política la fuerza triunfe sobre la razón y que no se pueda protestar por las buenas.
¿Estamos a las puertas de una transformación revolucionaria de nuestra forma de vivir? ¿Cercana o lejana? ¿Ordenada o caótica? ¿Cuánto más podemos vivir así?
La Izquierda que necesitamos
Fernando Iglesias, Diputado de la Nación por la Ciudad de Buenos Aires, de la Coalición Cívica, en una entrevista con Gerardo Rozin, (C5N, 08-10-10). Si preferís el pasado y no pensar… no la veas.
Saramago contra todos (y con razón)
Gracias al blog Momeces me entero de la opinión de José Saramago sobre diversos temas.
Desde allá en España, mi amigo Momo nos cuenta en su artículo “Saramago habla claro” sobre una entrevista y otras cosas relacionadas con el famoso escritor.
A mí me interesó más la entrevista (que me pareció mal ubicada en la sección literatura), donde habló sobre España y el PP, Italia y Berlusconi, la corrupción, la crisis económica, Barak Obama, el capitalismo, Internet…
Pero lo que me interesa destacar es una de sus aseveraciones, que dá qué pensar por un buen rato:
“La corrupción no es solo material, es también moral. La pérdida de valores es un fenómeno de masas. Quizá el fenómeno de masas que defina estos tiempos.”
Un Estado Totalitario Global
Estamos presenciando la creación de un campo de concentración electrónico global, y se utiliza la crisis, los conflictos y las guerras para justificarlo. Como escribiera Douglas Reed “la gente tiende a temblar ante un peligro imaginario y es demasiado perezosa para ver el conflicto real”.
El artículo completo en Señales de los Tiempos
También deberías leer este otro:
El departamento de precrimen del FBI – Un súper-Google para espiar a toda la ciudadanía
Necesitamos compartir

El software será mejor y los problemas más fáciles de solucionar si compartimos el conocimiento y colaboramos unos con otros.
Como mencioné en un artículo anterior, el espíritu de Internet (las redes) es compartir.
Para afrontar los graves problemas que tenemos como especie (¿hace falta una lista?) debemos compartir, colaborar, cooperar unos con otros. Somos UN solo pueblo sobre nuestro ÚNICO hogar globalizado, interdependientes.
El software está en todas partes. Nada escapa a la intervención de un procesador, que es controlado a su vez por un software.
Consecuentemente, si priorizamos el desarrollo del Software Libre, podremos ver una progresión geométrica de mejoras en todos los ámbitos del quehacer humano.
El ciclo virtuoso del Software Libre sería el siguiente:
1. Alguien crea o mejora el software Libre.
2. Lo distribuye (gratis o no) junto con el código fuente.
3. Todos nos beneficiamos (pagando o no) con el software libre.
4. Alguno de los beneficiados sabe programar o puede hacer que un programador le haga otras mejoras, y vuelve a empezar el ciclo.
Si por el contrario, continuamos como sociedad apoyando al software privativo (el que te priva de compartir, entre otras cosas) y conservando patentes y derechos injustos sobre el conocimiento, entonces la creación de nuevo conocimiento y de nuevas herramientas informáticas se verá seriamente limitada y encarecida. Pocas soluciones, en pocas manos, y sólo para quienes puedan pagarlas.
Es una cuestión de supervivencia. Necesitamos superar la era del egoísmo y los monopolios. Lo peor que podríamos hacer es cerrarnos y no compartir la información, las ideas, el conocimiento. Debemos favorecer al movimiento del Software Libre, no sólo al de código fuente abierto. Necesitamos compartir.
Gracias Diana Venturini por tus inteligentes reflexiones en Analogías de la libertad y Analogías de la libertad II.





















