Kirchnerismo

 

Anuncios

Bajo el signo de la diversión

Bajo el signo de la diversión – Por Mario Vargas Llosa – lanacion.com

Mis deseos para el 2011

Mi tocayo gallego (cariñosamente) lo ha escrito muy bien. Remplacen donde dice “España” por “Argentina”, y donde dice “españoles”, por “argentinos”, y casi nadie notaría la diferencia:

Mis deseos para el año 2011

Lo único que tengo para agregar a las palabras de Enrique Dans es que yo no hubiera repartido las responsabilidades sólo entre políticos y votantes en general (tal vez le faltó espacio). Hubiese agregado cuatro categorías más: periodistas, intelectuales, abogados y jueces.

Creo que estos colectivos hace rato que han entrado en decadencia, en una espiral de corrupción sin límite y compiten (junto a los políticos y a los médicos) para llegar antes que nadie al infierno…

¿Que soy demasiado severo? Como suelen decir los estadounidenses: ¿A quién de estos les comprarías un auto usado, eh?

La Argentina aguanta, pero… ¿hasta cuándo?

Plan de negocios K. Por Nik, en La Nación.

Plan de negocios K. Por Nik, en La Nación.

Los argentinos tenemos serios problemas. No son de ahora, cierto, ni son culpa sólo de los Kirchner. Hay otros políticos igual de culpables. Para empezar, todos sus cómplices. También hay políticos honestos pero que tienen sus cuotas de responsabilidad por todo lo que nos pasa. Por acción o por omisión.

En mi ranking, les siguen los periodistas. Ahora que les llegó la noche con la Ley “K” de medios empiezan a quejarse, pero no eran tan independientes ni celosos custodios de la libertad de prensa durante los pasados 7 años de gobierno. El silencio y las medias verdades les costarán muy caro si ese proyecto se convierte en ley.

Otros con cierto grado de responsabilidad son los empresarios. Por las políticas que lleva adelante Néstor Kirchner a través de la Secretaría de Comercio Interior de Guillermo Moreno, individualmente no pueden hacer mucho, porque ponen en riesgo sus empresas o comercios y las fuentes de trabajo que deben proteger. Los campesinos se han movilizado, pero los citadinos no. Las cámaras empresarias no aparecen por ningún lado advirtiendo del mal rumbo que en materia económica ha adoptado el país. La verdad es que no los entiendo. Espero que hayan tenido sus razones. Pero dudo de que el silencio les haya sido provechoso. El mal menor en el corto plazo suele convertirse en el mal mayor en el largo.

También tienen su responsabilidad los intelectuales. Ni oposición de argumentos, ni aporte de ideas, ni denuncia de la corrupción a la que nos hemos acostumbrado. Los argentinos estamos como dormidos al sol sin nadie que nos despierte antes de lo inevitable. Pero proporcionalmente son tan pocos –o están tan callados– que no se los oye.

Y la gente. Sí, sí. La gente. La gente común. También llamados ciudadanos, aunque sólo actúen como meros votantes. Los políticos no caen en paracaídas. Los votamos entre todos. A veces sin pensar. A veces nos engañan para conseguir nuestros votos, pero otras veces los reelegimos dos y tres veces. ¡Y no aprendemos! Indudablemente, nos falta más educación, y sobre todo, educación cívica.

Nuestros problemas son muy serios. Y no es una exageración: 15, 22/23, 35 ó 40% de pobreza, según se consulte al INDEC, a Néstor Kirchner, a estudios privados o a la Iglesia Católica. Cualquier cifra es preocupante, más aún si nos damos cuenta de que esos millones de pobres e indigentes sobreviven en un país rico, que además produce y exporta alimentos… aunque cada vez menos.

Pero no son los problemas económicos los que me preocupan. Tampoco los meramente políticos. ¡Porque ambos son sólo consecuencias!

Las consecuencias de no respetar la Constitución, muchas veces a través de las mismas leyes o decretos… inconstitucionales. Por ejemplo, la “pesificación”, las “retenciones”, el robo de las jubilaciones, el adelantamiento de las elecciones, las candidaturas fraudulentas o “testimoniales”, la coparticipación “federal”, los superpoderes presupuestarios para el Jefe de Gabinete, las facultades legislativas delegadas en el Poder Ejecutivo Nacional (lo que constituye una traición a la patria) y últimamente con este autoritario proyecto de Ley K de medios con el que se pretende amordazar a la prensa y cambiar la realidad a golpes de propaganda, a la vez que se hacen fabulosos negocios.

Laura Capriata, para La Nación (27-09-09). Clic para ir al artículo completo.

Laura Capriata, para La Nación (27-09-09). Clic para ir al artículo completo.

No sólo el contenido de las leyes –que debiera estar sujeto a profundos debates antes que su obediente y acelerada sanción– sino su mismo tratamiento en el Congreso es una vergüenza nacional. La seriedad, el respeto y la legalidad ya ni siquiera se simulan. El oficialismo arremete con todo y las oposiciones –no hay una sola, sino varias: las que nosotros votamos– no parecen advertir –ambos– la gravedad de la situación en la que ha caído el país. De quinto lugar a ciento y pico en menos de 100 años. ¡Y vamos por más!

Las crisis políticas pueden resolverse más o menos bien y más o menos rápido. Sólo basta querer conversar y voluntad para acordar en algo, lo que es posible pero no muy probable en el corto plazo. Por otro lado, los problemas económicos (de los que dependen todos los demás) no van a resolverse con voluntarismo sino sólo cuando demos con las soluciones. Soluciones, no parches. Soluciones generadas en Argentina, no el mero arrastre por el crecimiento del mundo o de nuestros vecinos.

Somos un país entre la furia y el error. Y mientras no nos decidamos –en serio– a volver a nuestra Constitución liberal de 1853 y sigamos por el errado camino del estatismo y la demagogia, sumando escándalos de corrupción, avivando el clima de crispación política, con campañas electorales permanentes, con piquetes e inseguridad crecientes, con impuestazos demoledores de la producción, con inflación que dinamita el poder adquisitivo de los salarios y una incertidumbre sin fin, los problemas económicos y políticos seguirán en aumento hasta que la furia o la economía –que como la política, también tiene una dinámica propia– vuelvan a estallar en otra de nuestras recurrentes crisis.

Faltan dos años –que en este país, donde tenemos una sorpresa cada lunes, ¡son como dos milenios!– para tener otra gran oportunidad de cambiar las autoridades nacionales y con ellas el rumbo de colisión –con la realidad– que venimos llevando. Mientras tanto, como sociedad, ¿qué más vamos a inventar? No sé. Pero si hay algo que tenemos los argentinos es imaginación… y una tolerancia suicida –o según se mire, “capacidad de aguante”– pero… ¿hasta cuándo?